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Queremos que Jesucristo entre en nuestros corazones
14.04.2019 / La Coruña y Pontevedra
El Domingo de Ramos 14 de Abril, el Apóstol Rolf Camenzind visitó la comunidad de A Coruña, Galicia, junto al Obispo Olmedo y a los dirigentes de distrito de toda España, en lo que fue una hora de alegría y emociones

El sábado día 13, los responsables de distrito de España mantuvieron una reunión para tratar temas variados, relacionados con la nueva interpretación del ministerio, que el Apóstol Mayor activará después de Pentecostés 2019. 

El domingo 14, una alegría especial. Eso fue lo que se vivió este Domingo de Ramos en la comunidad de A Coruña, una ciudad de 243 mil habitantes, en el norte de España. La pequeña comunidad estaba esa mañana repleta. Desde hacía algunos meses se venía preparando para compartir una fiesta única: ese fin de semana, por primera vez, se reunirían todos los dirigentes de distrito de España -ancianos y evangelistas- en Galicia. La prédica para esa hora se basó en el texto de Mateo 21: 14-15, y giró en torno a una pregunta: “¿Cómo recibimos a Jesucristo?” 

“No tenemos que olvidarnos de que no estamos solos”, comenzó refiriéndose a la comunidad el Apóstol Rolf Camenzind, que llegó a la ciudad acompañado también del Obispo Pedro Olmedo. “Nos alegramos porque tenemos el mismo Dios, Jesucristo es el mismo, la meta es la misma”, porque compartimos la misma fe y porque podemos contar con el Espíritu Santo, dijo el Apóstol. En la comunidad, aunque no conozcamos a nadie, podemos decir “estoy en mi casa”. 

Tras la lectura de un texto especial para el día festivo, el Apóstol recordó que durante el Domingo de Ramos, cuando Jesús hizo su entrada en Jerusalén, unos lo alababan y esperaban con alegría, pero otros se mantuvieron indiferentes. Animó entonces a los presentes a meditar sobre la posición con la que se acude a cada encuentro con el Señor y a reflexionar acerca de cuánto dura la alegría. “Queremos que Jesucristo entre en nuestros corazones y hacer todo lo posible para que él pueda quedarse”. 

En una hora de muchas emociones, en la que los cánticos tuvieron un lugar especial -también uno interpretado por los niños-; en la que estuvieron presentes los inicios de la comunidad, y en la que hubo un especial minuto de silencio previo a la Santa Cena; el Apóstol llamó a obrar por amor. “Jesucristo cambió el mundo”, con su sacrificio puso en relevancia al amor, a la necesidad de creer y de seguir su voluntad. “Tenemos que saber que él siempre está con nosotros. Entonces, lo que hacemos, lo hacemos porque sabemos que él nos ama”. Llamó también a confiar en la gracia de Dios y a buscar la redención, reconociendo que aunque Dios se manifiesta mediante seres imperfectos, su obra es perfecta. “Queremos escuchar lo que él nos dice”. 

La alegría fue compartida, y también en el altar pudieron manifestarse los dones de varios de los ministerios que lo acompañaban. 

Por la tarde, además, el Apóstol, junto con el Obispo y el Anciano del Noroeste, se trasladó a Pontevedra para oficiar allí el Servicio Divino, del cual participaron alrededor de 35 fieles. Un detalle que alegró enormemente a los asistentes, fue la pequeña orquesta y el coro, que acompañaron musicalmente el acto. 

Así se cerró ese fin de semana, será inolvidable por lo que se pudo experimentar en la fe.