Iglesia Nueva Apostólica en España

„Si lo hubiese sabido…“

En una playa, un hombre encontró una bolsita llena de piedrecitas brillantes. Como que se estaba aburriendo, tiró una piedra tras otra al mar. Cuando quiso tirar la última, por casualidad pasó un conocido. Este le preguntó si sabía que piedras eran estas. Le contestó que no.

Qué susto más grande tuvo cuando le fue dicho que se trataba de diamantes preciosos. „Si hubiera sabido esto…“ exclamó.

Es esta una exclamación que da a entender que uno ha perdido algo, o no lo ha reconocido correctamente o lo ha valorado mal.

Un marido le dio a su mujer un beso de buenas noches. Apagó la lámpara de la mesita de noche. De repente se apercibía de un silencio opresivo.  „Cariño, ¿estás bien?“preguntó. No había contestación. Repitió la pregunta – otra vez sin contestación. Rápidamente encendió la luz y ¿qué tuvo que ver? En el espacio de pocos segundos, su mujer había muerto. En todas partes donde contó más tarde lo sucedido, dijo: „Menos mal que no nos habíamos enojado ni dicho palabras malas. ¡Qué reproches me haría ahora, si esto hubiese sido el caso!“

Esto nos quiere enseñar, que no nos llevemos nada de cosas negativas a la noche, sino que pongamos todo en orden antes, porque no se sabe nunca lo que puede pasar. En la Biblia dice: „… no se ponga el sol sobre vuestro enojo.“ (Efesios 4:26).

En este contexto, un aforismo, que dice lo siguiente, nos invita a reflexionar: „Por la mañana, dime una palabra amable antes de salir de casa. Pueden ocurrir tantas cosas durante el día. Quién sabe, si nos volveremos a ver. Di una palabra cariñosa por la noche. Quién sabe si uno se despertará por la mañana….“ Por ello - así termina este aforismo – a cada uno le quiera servir de lección que la última palabra siempre debería ser una palabra amable.   

Estos pensamientos no quieren hacernos miedo ante una perdida repentina de una persona querida, más bien nos quieren exhortar que reconozcamos bien conscientemente lo que nos ha sido regalado y que pongamos el agradecimiento y la alegría por encima de todo lo que supuestamente nos separa. Entonces quedaremos a salvo de tener que expresar la frase amarga:  „Si lo hubiese sabido…“